Te espiaba como por la base de un trapecio, Reina de las tertulias del lecho. En lo tenue de la habitación contigua lo licuaban todo, lo trasvasaban a otro recinto más bien viscoso. Lo colgaban, lo tensionaban, lo golpeaban. Te lo daban de beber. Intra-venoso. Y vos te retorcías, lo negabas y añorabas, sobre todo añorabas. Y los ojos se te llenaban de pluscuamperfectos. Y las manos se te volaban al patio. Y me miraste justo cuando las manos se te volaban al patio. Y me dijiste lo que nunca. Y me dijiste la pared. Y me dijiste los caracoles que allá juntábamos.
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